Nací el 16 de diciembre de 1971 en la Ciudad de Buenos Aires. Tengo 40 años y soy padre de tres hijos, Trinidad, Bautista y Guido Estanislao.
En el presente, mi compromiso público consiste en representar a los porteños en la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, institución clave para la democracia local.
Recientemente, entre 2007 y 2009, estuve al frente de la Secretaría Administrativa de la Legislatura, trabajando para modernizar y fortalecer esta institución. En tal sentido, logramos avances concretos, entre ellos: la promoción de procesos administrativos eficientes y transparentes, el mejoramiento de la infraestructura de servicios básicos, la modernización del parque informático, la puesta en valor de patrimonio histórico, la implementación del sistema de voto electrónico y la transmisión en vivo de sesiones. Todo ello, consiguiendo al mismo tiempo un significativo ahorro presupuestario (sobre la base de la reducción del “gasto político”). Una porción importante de estos recursos que logramos ahorrar ha sido reorientada, a través de donaciones, al área de educación.
Con anterioridad (de 2004 a 2007) fui Director y Vicepresidente de la Corporación Antiguo Puerto Madero S.A., sociedad constituida por el Gobierno Nacional y el de la Ciudad de Buenos Aires, para la recuperación y reconversión del antiguo Puerto Madero. Aquí mis esfuerzos estuvieron orientados al desarrollo de obras públicas de excelencia (plazas y parques, malecones, y apertura de calles, entre otras), al estímulo de la inversión privada y a la concreción de acuerdos de exportación de know-how en materia de desarrollo urbano a nivel nacional e internacional.
También me desempeñé como asesor del Directorio del Banco Ciudad de Buenos Aires, asesor del Bloque del Partido Justicialista en la Cámara de Diputados de la Nación y coordinador de gestión de Proyectos Solidarios en la Secretaría de Desarrollo Social de la Nación, entre otros.
Mis primeros pasos en la actividad política fueron en el Colegio Nacional Buenos Aires; institución donde cursé mis estudios secundarios durante un período importante de nuestra historia: la vuelta a la democracia. Era parte de una generación de jóvenes con ansias de participar e involucrarse políticamente, atraída por un clima de época caracterizado por grandes esperanzas de cambio. Lamentablemente, pronto llegaron las decepciones; la política “real” poco tenía que ver con nuestros ideales y valores. Se hizo difícil encontrar espacios que tradujeran las esperanzas de cambio y nuestra forma de concebir la política. Más allá de las desilusiones, esta experiencia militante -y mi trayectoria posterior –tanto en la actividad pública como la privada- fueron forjando mi vocación política. Y en la actualidad encuentro –como muchos de mi generación- en el PRO, un espacio político distinto que nos convoca a participar e involucrarnos nuevamente.
Mi participación en la esfera pública, hoy como legislador electo de la Ciudad de Buenos Aires, es inseparable de mi convencimiento que para cambiar “lo que está mal” –para construir una sociedad más justa, inclusiva y democrática- es necesario involucrarse en política. Entendiendo a esta última, no como un instrumento de unos pocos y para unos pocos, sino como una práctica social transformadora.
